¿Se puede vivir sin Internet? Una mirada desde Cuba

La mayor de las islas del Caribe es, un país donde el acceso a Internet no es universal. Aún cuando el gobierno cubano y ETECSA, la única empresa que brinda este servicio en Cuba, amplían paulatinamente las posibilidades de conexión para los cubanos de a pie, vivir sin Internet en Cuba sigue siendo una característica que define a su gente cultural y socialmente.

Vivir en Cuba, ya sea para los propios cubanos o aquellos extranjeros que por alguna razón deciden pasar algún tiempo de su vida en el país, es una experiencia peculiar. El cubano, marcado por un sistema político y social de más de 50 años, posee una forma de mirar la vida diferente. Para ellos, todo y nada es un problema al mismo tiempo, la capacidad de adaptación y sobrevivencia, son de los mayores orgullos de cualquier isleño.

Por eso cuando alguien pregunta, se sorprende sobre las peculiaridades de la conexión a Internet en Cuba, es decir, de la no existencia en los hogares, sino sólo en empresas e instituciones públicas y sólo para algunos profesionales. También en los últimos años, para aquel que pueda costearse a precios elevados la conexión en zonas públicas, conocidas como “Parques o Plazas Wi-Fi”.

Vivir sin Internet es posible y en Cuba se demuestra. Y aún cuando no se puede negar el desarrollo tecnológico y sus implicaciones en la evolución de las sociedades, el vivir sin Internet en Cuba es, a mi entender, lo que ha permitido que las relaciones interpersonales físicas sigan siendo predominantes, en un mundo donde cada vez más las personas se alejan y viven e interactúan a través de la virtualidad.

En Cuba no existen los grupos de Whatsapp ni de Messenger. Las conversaciones son frente a frente, en una esquina, en las escuelas, en los trabajos, en una parada para esperar un transporte público. Los amigos no chatean, se llaman por teléfono para charlar, se visitan para verse y contarse sus novedades en lugar de enviarse selfies o mensajes de voz, y el ya menos usado SMS, es la vía única de mensajería móvil.

En las reuniones o visitas, los celulares dejan de tener el protagonismo, porque seguramente algunos, aún no pueden costearse uno. Las familias comen o pasean juntas y los chicos le cuentan a sus padres sus problemas o triunfos escolares y no a sus amigos virtuales, que como sabemos en ocasiones no conocen personalmente. Las “plays” siguen siendo privilegios de pocos, y los juegos en cualquier barrio o plaza fomentan y valoran la actividad física.

Vivir sin Internet no es una preocupación para los cubanos, y tal vez esta situación se justifique con la realidad de que la mayoría tiene problemas más apremiantes y objetivos, como la vivienda, los escasos ingresos o la comida diaria, que los hace enajenarse de la red y no ven en ella una necesidad.

Pero caer en absolutismos sería un error. El interés por las posibilidades que brinda Internet se hace cada día mayor entre los cubanos, sobre todo en las nuevas generaciones, que ven en ella el conocimiento de un mundo exterior diferente y por muchos anhelado. Pretender que Cuba y sus habitantes sigan inmóviles en el tiempo en materia tecnológica y de conectividad es imposible y estoy en total desacuerdo.

Sin embargo, temo el día en que, como en tantos otros lugares del mundo, el intercambio personal sea relegado. Ojalá y el cubano, con la naturaleza que lo caracteriza, no pierda en las redes, ese sentido social y hospitalario que lo define y es, desde mi punto de vista, lo más valioso de su esencia.

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