¿Ciudad inteligente o gran hermano?

Tal como se titula uno de los nuevos documentales acerca de la privacidad de nuestros datos, «Nada es Privado». La idea de las Ciudades inteligentes tampoco es una excepción.

El arribo del Internet de las cosas (IoT), supuso también, la aparición de “las ciudades inteligentes”. Este concepto implica ciudades que hacen uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TICs), con el fin de proporcionar servicios a sus ciudadanos”. En una de sus acepciones, este concepto propone la eficiencia en el uso de recursos, costos y ahorro energético,con el fin de procurar la sostenibilidad y la mejora en la vida de los ciudadanos.

La ciudad inteligente no es más que la automatización y digitalización a gran escala de servicios y procesos de la vida cotidiana, y en este aspecto, tal como dice un viejo dicho español “nadie da un duro por peseta”.

La (IoT) se basa en la irrupción de todos nuestros dispositivos, con sensores conectados a la Red. Esta tecnología no nos da los términos y condiciones, no está mediada por contratos. Bajo un supuesto anonimato, nuestra información deja de ser privada, sin que nadie nos pregunte. En cambio, nos ofrecen mejorar la congestión de tránsito, saber dónde y cuándo esperar el transporte público o vivir más seguros. ¿quien es capaz de decir no a eso?

Para ello, esta tecnología redobla la videovigilancia, y cada persona es sospechosa. Y en el mejor de los casos, en esa vigilancia el 81% de las personas que quieren seguridad serán investigadas por las falencias del reconocimiento facial.

Hoy por hoy las ciudades inteligentes que están en desarrollo sientan sus bases sobre el marketing y la economía. Piensan al usuario apenas como consumidor de bienes y servicios, sin preocuparse por el desarrollo social, la sostenibilidad, la integración o la colaboración, tal como una de sus acepciones implica.

¿Y nuestros datos? ¿A quién pertenecen?. Ya no son nuestros, quedan en manos de monopolios, la empresa que nos brinda la ciudad o el hacker que logre acceder a esas bases de datos. El riesgo del mal uso de nuestros datos va en aumento.Gobiernos locales bien intencionados aceptaran contratos en los que cedieron todos los derechos sobre el uso de los mismos.

Y no se trata de una mera mirada conspirativa. Hay proyectos que dan cuenta de esta problemática. El mega piloto de  Alphabet es un ejemplo con “Sidewalks Labs”. En Toronto, donde la empresa materna de Google hizo su experimento, las voces críticas por parte de la ciudadanía, van en aumento. No hay información ni transparencia sobre el uso de los datos.

En la Ciudad de México se revelaron casos de abuso de tecnología de vigilancia por parte de gobiernos locales. Y con las tasas de error, grupos marginados son acusados de delitos que no cometieron.

Hoy por hoy, las ciudades inteligentes son un Gran Hermano. Una vigilancia operada por intereses que distan de aquello que podría reconfigurar un mundo y hacerlo mejor.

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