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Tránsito, un problema que parece no tener fin

Según cifras de Luchemos por la Vida, en Argentina, el 22% de los muertos en el tránsito son peatones, porcentaje que se incrementa en las ciudades como Buenos Aires, donde se supera el 33%.

En la actualidad, en la ciudad de Buenos Aires hay 2.750 agentes de tránsito con la responsabilidad de «Colaborar en el ordenamiento del tránsito público, cumpliendo una función educativa, informativa, preventiva y de control, arbitrando los medios necesarios para el cumplimiento de la normativa vial vigente y/o labrando actas de comprobación».

Pero realmente ese rol no es tomado en serio. Más allá de las multas por mal estacionamiento, no hay controles sobre la normativas existentes, que no solo atañen a los conductores de automóviles. 

Asimismo, las diferenciaciones de legislaciones distritales provocan más confusiones, en una ciudad que recibe cada día más de 600.000 personas de la provincia de Buenos Aires. Junto al desconocimiento de los viejos conductores al respecto de las nuevas regulaciones, todo es un cóctel.

Un ejemplo es la prohibición del cigarrillo para los conductores de la ciudad. Muchos aún continúan fumando. Pero peor aún es la distracción del celular, cuya prohibición para algunos no solo es desconocida, sino que no es tomada en serio.

De esta forma queda demostrado que no basta con la creación de zonas francas o poner más reductores de velocidad. Es necesaria la concientización de todos los efectores de la sociedad civil desde la niñez, ejercer un mayor control respecto a las normativas existentes, aprovechar las nuevas tecnologías en los nuevos automóviles como  sistemas de asistencia de velocidad inteligentes, y señalizar y hacer cumplir. 

El problema no se resuelve solo atacando el límite de velocidad, sino creando conciencia, sentido de responsabilidad, y ordenando el tránsito de una forma responsable y sin más obstáculos.

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