Shadow

Viejos nuevos miedos desbloqueados

Es un hecho.

Después de la generación de Internet viene la generación de la Inteligencia Artificial (IA). Actualmente, la mayoría de los aparatos que el ser humano ha creado para facilitar su convivencia con la naturaleza tienen esta tecnología de vanguardia; aunque no nos demos cuenta.

Lo aceptemos en ámbitos de la cotidianeidad, pero la posibilidad de que una máquina termine siendo más inteligente que el mismo creador aterra a las personas desde hace siglos. ¿Y si se relevan? Desde la primera revolución industrial, hay un sector de la humanidad que ve el avance de la tecnología como medios para el control. Por ahora hay que estar tranquilos, la inteligencia física sigue siendo superior a la artificial. Un robot puede vencer en un juego de ajedrez al campeón mundial, pero no puede ir a buscar el juego y poner las piezas sobre la mesa.

Lo cierto es que los avances continuos que se generan, año a año, demuestran que la ciencia está encontrando en la IA respuestas que ayuden a los humanos a sobreponerse a diferentes tipos de discapacidades. Un claro ejemplo es la creación de partes humanas electrónicas con la capacidad de suplantar a la perfección el complejo sistema humano que hace funcionar nuestro organismo. La tecnología como una extensión del cuerpo. De la sofisticada interacción entre maquina y persona se libera de la discapacidad, lo que se transforma en una nueva oportunidad.

Inteligencia Artificial

El historiador de la tecnología Bruce Mazlish propone la idea del necesario «reconocimiento de que la evolución biológica humana, ahora mejor comprendida en términos culturales, obliga a la humanidad -nosotros- a aceptar la conciencia de que herramientas y maquinas son inseparables de la naturaleza evolutiva humana. También requiere que nos demos cuenta de que el desarrollo de las máquinas (pone como ejemplo a la computadora) hace ineludible la percepción de que las mismas teorías que resultan útiles para explicar los funcionamiento de los artificios mecánicos también lo son para comprender al animal humano, y viceversa, ya que la comprensión del cerebro humano arroja luz sobre la naturaleza de la inteligencia artificial».

Mentime que me gusta

Pero es verdad que la IA controla cada vez más nuestra comunicación. Se esconde detrás de cada consulta en internet. En las redes, los algoritmos controlan lo que vemos, y lo que no. Hace mucho más fácil la viralidad de las Fake News. La información abunda, pero la atención es escasa. Hay muchísima información que podemos procesar, y estas plataformas nos «ayudan» eligiendo que se nos presenta primero, segundo y tercero. Aunque no todo el mundo recibe la misma información.

Se disputan nuestra atención, nos alimentan con la información que nos gusta. Lo que importa es el número de clic, la permanencia y las estadísticas, y no la veracidad de una noticia. Las noticias falsas avanzan a la velocidad de la luz en el mundo digital, mientras que la verdad se trasmite lentamente.

Se genera una peligrosa relación invisible entre confianza e inteligencia. Mientras más inteligente – o smart- el aparato, más confianza te da. Lo cierto es que cuando te das cuenta cómo funcionan o se aprende a programarlos, te haces más escéptico y se empieza a desconfiar. Por eso hay que estar atentos. Entenderlas nos permitirá usarlas de la mejor manera.

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