Shadow

La vida en el ciberespacio: Un marco teórico para explicar la explosión de internet

ciberespacio

En las últimas décadas se ha producido una modificación al respecto de cómo leemos, como nos comunicamos y dónde se dan esos encuentros. Especialmente con la mayor masividad de Internet, aplicaciones y el incremento de dispositivos a través de los cuales tener acceso.

En la actualidad es habitual que nos encontremos en “espacios virtuales”, o dicho de otro modo, en el Ciber-Espacio, incluso mucho más de lo que lo hacemos en un café. Al menos una gran parte de los “residentes digitales”, quienes según David White y Alison Le Cornu, ven a la web como un espacio, un lugar de encuentro y se sienten parte de una comunidad (virtual). Al menos ese término se nos hace más cercano cuándo vemos que hay personas a quienes el límite de 5000 amigos en Facebook le queda chico. ¿Quién puede tener tantos amigos fuera de lo virtual? Si le preguntamos a Roberto Carlos, dirá que nunca alcanzo el millón de Amigos, pero si consiguió muchos más seguidores. Y la ventaja que ofrece Facebook o cualquier plataforma que nos permita una conexión digital, tal como explica Sherry Turkle, es darnos la ilusión de compañía, pero sin demandarnos. Y claro, escondernos de esas demandas de la vida real.

Lo virtual, además nos permite una versión mejorada de nosotros mismos.  De esta forma, el éxito de las redes sociales tiene una explicación: Es allí donde podemos dar cuenta de nuestra versión perfecta. Nos sacamos la mejor foto antes de subirla, la modificamos, le agregamos un fondo con Photoshop. Basta con ver las redes sociales ajenas, y veremos vidas, familias o personas simplemente perfectas. Mejoramos las canciones, nuestra voz. Dicho de otro modo, nos remixamos a nosotros mismos, y si lo hacemos con nosotros, ¿por qué no con el contenido ajeno?

Nos representamos a nosotros mismos según la plataforma o «espacio» en el que estamos. «Nos movemos hacia una cultura de la simulación en la que la gente se siente cada vez más cómoda con la sustitución de la propia realidad por sus representaciones”.  Internet nos permite comodidad, y cuándo no, la simulamos.

 

Muchas personas están cómodas con esta realidad. Sherry Turkle, diría que el Ciber- Espacio se encuentra habitado por los bricoleurs, personas que van modificando o manipulando todo lo que está en su entorno real para mostrar la mejor versión en su mundo virtual. “La revalorización del bricolaje en la cultura de la simulación incluye un nuevo énfasis en la visualización y en el desarrollo de la intuición a través de la manipulación de los objetos virtuales”. Mejor aún, Kirby Ferguson, llamará a esa cultura del bricolaje como cultura del remix. “Una cosa es remezclar una canción, una historia o un producto, otra es remezclar … usted mismo, su identidad. Es como programarte a ti mismo … sin saberlo realmente”.

Es que, gracias a internet, personas comunes logran obtener éxito produciendo contenido o creándose una nueva identidad. Hoy muchos usuarios, devenidos en prosumidores, se han convertido en Booktubers, Youtubers, o Influencers. Pero ¿Qué significa ese término? Según Toffler, es la mejor mezcla entre consumidor o productor. Es decir, son audiencias que además producen contenido, generalmente haciendo uso del ecosistema digital. Así, los Booktubers, usuarios de redes sociales como Youtube, y además consumidores de libros, son exitosos generando nuevas audiencias, perfilándose a ellos mismos como una nueva clase de críticos literarios del silo XXI, y claro, le son útiles a las editoriales, dado que son mucho más populares que los críticos de antaño.

¿Los prosumidores existen desde internet? Claro que no. Pero dentro de la cultura del remix, o del bricolaje, esta herramienta ha permitido el surgimiento de nuevas categorías de prosumidores. También ha permitido la posibilidad infinita de narrativas transmedia, las cuales según la definición de Carlos Scolari, “son historias que se cuentan a través de diversas plataformas y medios y son objeto de la participación de los fans, quienes producen nuevas extensiones narrativas y las comparten en red”. Nuevamente nos encontramos con el Fenómeno de los Booktubers, algunos diseñadores de videojuegos, youtubers…Lo transmedia está en todos lados.
Sin ir más lejos, ¿Cuántas veces vimos películas y nos pusimos a googlear? Para nuestra sorpresa nos encontramos con Libros, comics, videojuegos y muchas opciones, en muchas plataformas, que nos permitieron revivir ese film otra vez. Y difícilmente fuera el director de la película o el escritor del libro en la cual se basó, el creador de esa nueva alternativa. Nos encontramos nuevamente con prosumidores.  Y lo vimos con juegos como Pokémon, Game of Thrones, Harry Potter, y una infinidad más.

Aunque no siempre la relación es película o libro hacia otra plataforma. Han surgido películas o libros de un videojuego, de un cómic. Diferentes experiencias que nos han permitido seguir historias. Tampoco es necesario que la narrativa transmedia sea realizada por un consumidor. Pero aún en el periodismo, este tipo de contenido generalmente es realizado por personas diferentes, así sea a pedido.

Lo grandioso, es que hablamos de transmedia cuándo las experiencias son autónomas entre si. De esta forma, ver la película no nos implica que debamos buscar si está el libro, videojuego o comic. Podemos desconocer la existencia de otras posibilidades y  disfrutar de igual modo. En palabras de Jenkins “Una historia transmediática se desarrolla a través de múltiples plataformas mediáticas, y cada nuevo texto hace una contribución específica y valiosa a la totalidad (…) Cada entrada a la franquicia ha de ser independiente, de manera que no sea preciso haber visto la película para disfrutar con el videojuego y viceversa”.

Y lo transmedia es exitoso porque implica diversidad. Internet nos ayuda a contenerla, porque más allá de que siempre hubo una respuesta a nuestras preferencias, ahora podemos encontrarlas mucho más rápido y aún así disfrutar de una misma historia. Así, por ejemplo, el gamer podrá hablar de dioses griegos sin haber leído nunca un libro de ellos, con quien nunca jugó un videojuego.

Scolari nos explica que este recorrido en profundidad estimula el consumo. Y si los consumidores están estimulados, si lo transmedia puede trascender, cómo no pensar en que nosotros no veamos la línea entre lo real y lo virtual. ¿Cómo no querer ser otros? Especialmente en “un mundo” que nos permite ser la mejor versión de nosotros y que nos deja ser parte de una comunidad donde la consigna es la diversidad.

Comparte este artículo

Comentarios