Shadow

Redes sociales: el paradigma de la vidriera

Millones de usuarios en todo el planeta utilizan las diversas herramientas del ciberespacio, las cuales no cesan de surgir y expandirse, y las utilizan para exponer públicamente su intimidad. Así es como se ha desencadenado un nuevo paradigma de exposición de “vidas privadas”, las cuales se ofrecen ante las miradas de todas las personas. Es un multipanóptico: ya sea en palabras o en imágenes, para quien quiera observar; basta apenas con hacer clic y seguir de cerca la vida de amigos, celebrities o incluso extraños.

Como en una comunidad se emplea el mismo paradigma, tenemos que tener en cuenta como hay cosas que se vuelven invisibles. En el caso de las redes sociales, podemos decir que quien participa tiene visibilidad y quien no lo hace queda excluído. Se ha interiorizado la tecnología, como argumenta Marshall McLuhan y vemos a las redes sociales como extensión de nuestras vidas.

Como bien sabemos, el advenimiento de internet trajo diversos cambios para la sociedad; una de ellas es la sociabilización. Vivimos en una era donde todos estamos comunicados y no es novedad el auge de las redes sociales. Hemos notado, en los últimos años, un fenómeno en constante crecimiento: la necesidad de exposición por parte de las personas en las redes sociales.

Hay un proceso de permanente construcción y expresión de identidad por parte de los actores en el ciberespacio. Estos actores se apropian de un perfil en las redes para construir su identidad. Paula Sibilia llama “imperativo de visibilidad” a esa necesidad de exposición personal. Es necesario ser visto para existir en el ciberespacio.

 

La vidriera

La Real Academia Española define la palabra vidriera como: “Espacio exterior de las tiendas, cerrado con cristales, donde se exponen las mercancías a la vista del público”. En una vidriera podemos ver desde artesanías hasta maniquíes, cuerpos irreales que lucen ropa de moda y se encuentran siempre en situación de pose. Permanecen detrás de un vidrio y su objetivo es lograr que la gente pare para observarlos.

Es de igual forma como se ve a la generación que pertenece a la vidriera: todos en pose, todos felices y sonrientes, retratando un momento para que sea visto por muchas otras personas. Se retrata y registra un momento de sociabilidad, de lujo y de felicidad.

En los mundos digitales, al igual que en la vidriera, las vidas mostradas son perfectas. Abundan las imágenes de gente feliz, en fiestas y con amigos. No es común ver facetas melancólicas o tristes. Los maniquíes no exhiben fotos donde se los vea llorando, deprimidos o incluso mal vestidos. Esas son facetas que reservamos para nuestra intimidad, intentamos ocultar e impedir que salgan a la luz. En caso de haberlas, llaman la atención ya que eso no es concebido como “normal” en este paradigma y no es adecuado dentro de los parámetros de la vidriera ya que esta fue creada para exponerse, mostrarse y venderse, no para mostrar las debilidades a los visitantes. 

La vidriera se desarrolla en el ciberespacio y podemos concebir a este como un no lugar. Marc Augé entiende a estos no lugares como: “las instalaciones necesarias para la circulación acelerada de personas y bienes como los medios de transporte mismos o los grandes centros comerciales”. Por su lado, para White y Le Cornu: “la metáfora del ´lugar´ se presta muy fácilmente a la experiencia que tienen las personas cuando están comprometidas e interactuando socialmente con otras a través de una computadora. No es raro escuchar a personas preguntándose entre sí si han ‘estado’ ‘en’ Facebook hoy” como si realmente estuvieran dentro de la pantalla.

Para nosotros el ciberespacio también constituye un no lugar ya que las personas se encuentran en ese ambiente momentáneamente desempeñando un papel que en la mayoría de las veces difiere al de la vida cotidiana. Se está solamente de paso, como ser el colectivo, el subte; el rol que uno representa aquí difiere de lo que verdaderamente somos.

Es el lugar de las apariencias donde todo el mundo es alguien precisa ser visto. “Los usuarios están felices por “revelar detalles íntimos de sus vidas personales´, ´abastecer informaciones precisas´ y ´compartir fotografías´” (Bauman). Sin embargo, vemos, en las redes, que hay información excesiva y el contenido nunca cesa de existir. Byung Chul Han explica que el: “cansancio de la información, es la enfermedad psíquica que se produce por un exceso de información”.

La exposición en las redes sociales que tienen mayor número de usuarios produce y depende de “efectos en red” mientras más numerosos sean los usuarios que hacen uso de una plataforma, más valiosa se vuelve esa plataforma para los demás (Srnicek). El miedo a perderse algo de lo que sucede en las redes (FOMO- Fear of Missing Out) genera pánico en las personas, quienes se ven en un círculo vicioso al no poder ni querer estar fuera de los eventos sociales. Jenkins afirma que las audiencias tienen un comportamiento migratorio y están dispuestas a ir casi a cualquier parte en busca del tipo deseado de experiencias de entretenimiento”. (Jenkins).

El panóptico

Siguiendo el concepto de panóptico de Bentham, vemos cómo la vidriera se relaciona no solo con la idea de control, sino también con la imagen de exposición. Ésta es la palabra que define a la vidriera. Se genera una situación de constante observación, pero no con la idea de negatividad, de miedo y de represión de la vigilancia, sino de forma positiva. Estamos en un paradigma de exposición voluntaria. Quién está en la vidriera lo hace por su propia voluntad. Nadie es coercionado ni obligado a permanecer.

Este paradigma es, además, un dispositivo de visibilidad y de transparencia. Todos vemos todo lo que sucede y tenemos control sobre lo que vemos, así como la información que manejamos. La persona expuesta sabe que en algún momento va a ser vista, pero no sabe ni cuándo ni en qué medida ni por quienes. Simplemente desea que esa exposición sea elevada (aún más cuando el perfil de las redes sociales es público).

Décadas atrás, el ambiente privado era el escenario donde transcurría la intimidad. Lo que sucedía puertas adentro quedaba recluído al ambiente familiar. En esta era de la conectividad, la portabilidad de las notebooks y los celulares, convierten la intimidad en extimidad y la vida privada se vuelve pública, los muros sólidos de las casas se volvieron translúcidos. Es como habitar en una casa de vidrio; o la casa de Gran Hermano, vigilada permanentemente accediendo al multipanóptico de la vida de los otros.

La idea de panóptico ideada por Jeremy Bentham conlleva la idea de unilateralidad; es decir, que una sola persona (o unos pocos vigilantes) regula y controla el comportamiento de varios. En el paradigma actual, Bauman toma de Mathiensen el concepto de sinóptico, donde argumenta que “se han invertido los roles, y ahora muchos se dedican a observar a unos pocos” (Bauman). El fin de las redes sociales es, justamente, la exposición que mencionábamos anteriormente donde “ha surgido una nueva forma de comunicación interactiva caracterizada por la capacidad para enviar mensajes de muchos a muchos, en tiempo real o en un momento concreto (…) la llamo auto comunicación de masas. Es autocomunicación porque uno mismo genera el mensaje, define los posibles receptores y selecciona los mensajes concretos” (Castells).

Consiste en mostrarse, exhibirse. Cuantos más amigos y más comentarios se tenga en una foto o en un estado de perfil más feliz uno será. Como argumenta Paula Sibilia: “Se habla también de personalidades alterdirigidas y no más introdirigidas, construcciones de sí orientadas hacia la mirada ajena o exteriorizadas, no más introspectivas o intimistas” (Sibilia). Todo lo que hacemos lo hacemos para el afuera, para que el otro sepa que me estoy mostrando y me vea.

Consideramos que este concepto es válido en los medios de comunicación y en redes sociales donde las personas agregan y siguen a celebridades a quienes admiran, se suscriben a páginas de fans, se dedican a observar lo que hacen y los toman como modelos a seguir.

Hemos optado por denominar a la situación de múltiple exposición multipanóptico ya que la persona que observa puede hacerlo a gusto, pero también este podrá ser observado. Se termina la era de los vigilantes y de los vigilados para pasar a ser ambos a la vez. Una voluntad general de este público contemporáneo es la necesidad de curiosear y consumir vidas ajenas y la necesidad de exponerse para que el “vigilante” lo vea.

Podemos estar al tanto de lo que sucede en la vida del otro sin necesidad de mantener un contacto cercano, y de hecho sabemos con que personas interactúan más y los tipos de relación que se generan en la red simplemente mediante observar un poco a cada persona.

Las relaciones en las redes sociales son líquidas y fluídas y es muy probable que tengan “fecha de vencimiento” (Sibilia), como si fuéramos productos perecibles. En el caso de personas que no tengan un vínculo fuera de la red, la relación terminará el día que no haya más información que saber o interés de vigilar.

Libro interactivo con los tópicos mencionados en la nota

Bauman también señala que en la modernidad hay una “desesperada necesidad de ´interconectarse´. Compartir intimidades tiende a ser el método preferido, sino el único restante, de ´construcción de comunidad´” (Bauman). Es así como la generación de la vidriera construye relaciones con los otros y con sus pares. Viven en el presente, pero a su vez, las fotos que comparten en las redes sociales son estáticas y plasman en un momento una escena que quedará para siempre. Igualmente, el concepto de cuerpo como construcción simbólica, social y cultural. Nuestra sociedad lo toma como una posesión, como un bien, y no tenemos en cuenta que otras sociedades y otras culturas asignan otros valores y conceptos a lo que jamás consideraríamos cuestionar. “El cuerpo solo cobra sentido con la mirada cultural del hombre” (Le Breton).

Comparte este artículo

Comentarios