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Cultura Digital, Cultura de la Cancelación y el Escrache

Mucho se debate en este tiempo sobre un fenómeno que abarca a las redes sociales, que nos interpela, nos pone como protagonistas y también nos llama a la reflexión. La Cancelación y el Escrache en esta nueva era digital.

¿Es bueno que la sociedad tenga el poder de hacer justicia por mano propia (o mejor dicho por redes propias)? ¿Es peligroso saltearnos procesos judiciales? ¿Es lo mismo un escrache que una cancelación o una censura? ¿Vivimos en un tiempo de activismos digitales? ¿Existió siempre este método?

El término cancel culture o cancelling comenzó a utilizarse en 2015, ganando mayor popularidad a partir del 2018. Se trata de fenómeno que busca retirar el apoyo, ya sea moral, como financiero, digital e incluso social, a aquellas personas u organizaciones que se consideran inadmisibles, como consecuencia de determinados comentarios o acciones.

Consiste en eliminar del espacio público a la persona que infringe determinado mandato social o corrección política.

Al “cancelar” se activan campañas para identificar a una persona, una empresa, un producto o un grupo identificado para marcar, dejar un signo de alerta en el presente y a futuro sobre su posición sobre un tema o sobre un aspecto moral de su persona que infringe normas y hasta muchas veces constituye un delito.

¿Y cómo se logra en estos tiempos hacerlo? A través de las redes sociales que por populares, masivas y alcanzables a buena parte del mundo nos hacen protagonistas y nos igualan en muchas situaciones ante personajes populares o famosos.

Para algunos puede ser una manera de eliminar la posibilidad de diálogo, para otros la única forma de establecer pautas hacia el futuro.

Activismo digital

La doctora en Filosofía de la UBA, Diana Maffía, sostiene que “la cultura de la cancelación tiene aspectos globales pero también tiene aspectos subjetivos. Importan los aspectos subjetivos pero también los sociales que se van haciendo masivos en las redes y están en permanente interacción”. En este sentido explica que; “las redes van conformando a su vez subjetividades como dispositivos a través del uso de las tecnologías de comunicación” y explica que “se ha transformado en un movimiento internacional y en muchos casos vinculado al feminismo y a la violencia sobre todo a la denuncia de violencia de índole sexual”.

Cuando circulan comentarios sobre alguien que cometió un delito, lo que se hace es poner en evidencia que ciertos comportamientos no pueden seguir siendo permitidos.

El escrache para los grupos feministas es hoy una medida de urgencia ante la falta de respuestas a conflictos de máxima gravedad. Y cuando hablamos de urgencia nos referimos al índice de femicidios, los casos de violencia de género y maltrato hacia la mujer en todo el mundo.

Para comprender esta cultura podemos considerar algunos de los fenómenos sociales de estos últimos años, como el Woke Culture o el MeToo, que apuntaron a denunciar fuertemente a personalidades del mundo del espectáculo que cometían crímenes atroces y no eran juzgados ni denunciados debido al poder y al peso que tenían en la industria.

En nuestro país y en provincias conservadoras como Corrientes el fenómeno se repite con lógicas parecidas y con el mismo fin, buscar justicia y condena social a través de las redes.

Sobre el fenómeno y su impacto en Corrientes, Sofía Domínguez, abogada del Colectivo de Mujeres en Corrientes explica que; es importante también entender que el proceso en el que una persona víctima de abuso sexual hace una denuncia lleva mucho tiempo, mucho temor y muchas veces también temor de no encontrar una respuesta de la justicia, de no encontrar en la policía una atención adecuada”. Señala que “las víctimas eligen esto, desde el anonimato hablar y difundir y es una cuestión muy compleja pero es una herramienta cuando falla la justicia”.

El problema de que se extienda esta práctica radica en que las denuncias se realizan en primer lugar en las redes y luego en los juzgados. En nuestro país el movimiento Ni Una Menos y el colectivo feminista expuso la poca credibilidad de la justicia y el escaso accionar de los órganos del estado a la hora de responder ante situaciones de violencia y delito sexual.

Esta es sin duda una problemática que debemos atender, sobre todo en casos en donde el poder, la persona pública juzgada y la cultura machista están por encima del testimonio de la víctima.

Una práctica antigua

Ahora bien. Si pensamos que esto es algo novedoso o tiene que ver con una nueva forma de expresar nuestras ideas estamos un poco errados.

Según Juan Gabriel Batalla en su último libro; “La cultura de la cancelación: del juicio público a la era del clickbait” sostiene que; “La cancelación es parte de nuestra forma de expresarnos” y cita un caso que tiene a los Beatles como protagonistas cuando en la década del 60’ John Lennon se atrevió a decir la frase; “Bigger than Jesus» (somos más grandes que Jesús). La frase le costó la cancelación, marchas y hasta una campaña liderada por el Ku Kux Klan en su contra. De hecho, la banda más grande del mundo no volvió a tocar en vivo en Estados Unidos tras ese incidente.

Desde el mundo antiguo, en reinados e imperios, como en Estados modernos, existió en la construcción de cada ideario esta necesidad de borrar o corregir lo anterior quitando del camino estatuas, libros y otras manifestaciones artísticas, filosóficas, políticas y científicas.

Y bueno, en estos tiempos, el gesto se replica y toma las características de sus herramientas de circulación: las redes sociales.

¿Cancelar es censura?

Muchos catalogan al fenómeno como un acto de censura pero, si bien el proceso es drástico y hasta cuestionable, no se enmarca en los parámetros de censura que conocemos, básicamente porque no se ejerce desde el poder institucional o empresarial, es un acto popular y muchas veces aceptado por la sociedad.

La cultura de la cancelación y del escrache siempre fue parte de nuestras vidas, aunque no lo supiéramos. Estaba allí cuando en un pueblo una mujer quedaba embarazada sin estar casada, cuando una estrella de Hollywood caía en desgracia tras algún escándalo.

Lo interesante del fenómeno actual es que cambió de dirección, dejó de ir de arriba hacia abajo, de los centros de legitimación hacia los individuos o sus obras. Ahora se mueve de abajo hacia arriba, nos empodera, nos hace protagonistas como usuarios en redes cuando capturamos y compartimos un escrache y también nos hace responsables de hacerlo sin pensar en chequear esta información.

La cultura de la cancelación se presenta no solo como una herramienta de repudio, sino también como un termómetro social de las urgencias que tenemos. La cancelación no es propiedad de nadie y a su vez nadie está exento de ella, no respeta actualidades, trayectorias ni billeteras, pero siempre tuvo algo que la caracteriza: una moral.

Los cambios sociales, los avances tecnológicos y las conquistas de derechos civiles generaron una ruptura con la moral anterior y nos plantearon nuevos paradigmas que convierten el fenómeno en un campo de batalla digital en constante mutación.

Maira Boyeras para Post Periodistas.

 

Infografía: https://bit.ly/3EEZxLX

Nota de audio:

REFERENCIAS:

  • “La cultura de la cancelación: del juicio público a la era del clickbait”, de Juan Gabriel Batalla.
  • «Ciberfeminismo. Viejas luchas, nuevas estrategias: el escrache virtual como herramienta de acción y resistencia». Wilding, F.
  • «Escraches en redes feministas universitarias: una estrategia contra la violencia de género hacia las mujeres». Gema González.
  • Entrevista con Diana Maffia. Doctora en filosofía. UBA.
  • Entrevista con Sofía Domínguez. Abogada del Colectivo de Mujeres de Corrientes.
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